Números Pizza. Sí…la mejor clase de mates de mi vida


No te miento. Te lo prometo

A veces, cuando no entendemos algo en mates, la

profe nos pone ejemplos de la vida real. O, como

ella dice, “de nuestro día a día”.

Un día entró en clase con una pizza. ¡No nos lo

podíamos creer! Estaba caliente y olía de

maravilla.

—A ver, que alguien venga a la pizarra y se coma la

pizza. ¿Quién va a ser?

Increíble: nadie se escondió bajo la mesa ni detrás

de un libro. Todos la mirábamos fijamente, con los

brazos en alto. El de Pipino parecía un ventilador

loco, daba vueltas sin parar . ¡Y el mío igual! Pero

no el de Osuke… Él es alérgico al tomate.

Total, que me eligió a mí. ¡Genial!

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Ahí estaba yo, sonriendo de oreja a oreja, delante

de la pizarra. Sin miedo a la pregunta, ni a

equivocarme, ni siquiera a hacer el ridículo.

Preparado para comerme la pizza.

La profe cortó la pizza en cuatro trozos iguales.

Exactamente del mismo tamaño.

—Matheo, por favor, come toda la pizza que

quieras.

Lo dijo como si yo le estuviera haciendo un favor…

¡pero en realidad era ella la que me lo hacía a mí!

Me comí dos de los cuatro trozos. Habría comido

más, pero me dio un poco de vergüenza. Luego me

dijo:

—Matheo, agarra una tiza y dibuja una línea.

Arriba escribe cuántos trozos has comido. Abajo,

cuántos había en total.

Lo hice. Fácil. Escribí un 2 arriba y un 4 abajo. Así:

2/4.

La profe dijo que ese número se llamaba

“fracción”. A mí me daba igual cómo se llamara.

Además, sonaba rarísimo, como inventado por el

Tío X o un robot.

Desde ese día, decidí llamarlos “números pizza”.

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Son mis números favoritos, los mejores del

mundo.

Cuando llegué a casa, lo conté todo y dije:

— Debemos comer más pizza para practicar los

“números pizza” en la vida real. Así mejoro en

mates. Creo que puedo hacer ese esfuerzo. De

verdad, no me importa

Mamá me miró y contraatacó :

—Qué cara tienes.

Y la verdad… un poco sí que tengo.

En casa, cuando hay pizza, papá siempre la corta

en seis trozos exactamente iguales. Si me como

uno, eso es 1 de 6. En números de pizza: 1/6.

A mi hermana le pido que me dé el suyo. Si me lo

da, me como dos de seis: 2/6.

A veces dice que sí, pero otras veces responde:

—Vete al infier—. Ya sabes, ese sitio. No, gracias. Y

no pienso ir.

A Don Listón nunca le pido un trozo. Ya sé cuál

sería su respuesta… y la mía. Y mamá igual se

enfadaría y me castigaría —y entonces nada de

pizza—. Eso sería cero de seis trozos para mí.

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Pero algún día, me comeré seis de seis: 6/6. ¡La

pizza entera para mí solo!

Mi tío X dice que las fracciones son súper

importantes para entender la música. Y también el

universo. Sí, claro, lo que tú digas. Y me habla de

un tipo llamado Pitágoras, como si yo tuviera que

conocerlo.

Ya esta otra vez con sus cosas. Como cuando me

preguntaba de pequeño que fue primero, ¿la

gallina o el huevo? Si decía el huevo me decía que

sin gallina no hay huevo, pero si decía gallina me

contestaba que sin huevo no hay gallina.

Pero un día le voy a preguntar que fue primero ¿la

pizza o los números pizza?

Si me dice la pizza, le contesto que “no”, que fue

después, porque se inventó para explicar esos

números.

Si me dice los números, le contesto que “no”,

porque se inventaron para poder repartir la pizza

sin que nadie discuta.

Y a ver que cara se le queda a mi tío ¡ja!

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(Seguir leyendo  otra historia  completa: Tienes once dedos... pero no lo sabes)